Fisiología
Efectos biológicos de CIM
El equilibrio eléctrico (diferencia de potencial de
membrana) de las células y el desplazamiento molecular fisiológico que
caracteriza a la matriz son los requerimientos necesarios para la salud
del organismo. La aplicación del efecto condensador (CIM) a los tejidos
crea una corriente de movimiento de cargas por atracción/repulsión que
interviene en el denominado tejido básico específico de Pischinger, es
decir en la relación entre las células y su microambiente, donde la vida
nace y se destruye.
La oscilación que se recrea con las corrientes de
desplazamiento, ejerce sus efectos beneficiosos sobre los componentes
alterados del tejido (microcirculación arterial, venosa y linfática,
matriz, membrana celular).

En el plano subjetivo, como
veremos a continuación, tales efectos pueden ser percibidos por el
paciente como un incremento térmico endógeno.
Mientas el calor producido desde el exterior ha
evidenciado efectos beneficiosos, pero también contraindicaciones
terapéuticas, el incremento endógeno de la temperatura no produce nunca
efectos colaterales.
La experiencia madurada en el sector con el efecto
capacitivo sobre varios miles de pacientes confirma los presupuestos
físicos ya evidenciados en la literatura.
Con tal propósito, insistimos cómo el paciente, en los primeros minutos de la aplicación, a pesar de la potencia aplicada, puede no advertir sensación de ningún tipo, mucho menos estimulación muscular o nerviosa.
En otras palabras, con el efecto condensador no se aplican corrientes estimulantes externas, como por ejemplo en los electroestimuladores, sino que se ponen las bases adecuadas para que se estimulen las corrientes internas del cuerpo humano para recobrar su capacidad fisiológica (movimientos Brownianos).

Es a través de este movimiento continuo de cargas eléctricas que las informaciones pasan a través de la matriz y alcanzan los receptores celulares.

La actividad biológica de la corriente se manifiesta por lo tanto a través de dos modalidades:
- El efecto energético, con cesión de energía al tejido biológico intra y extra celular con transformación del ADP en ATP.
- El efecto térmico, determinado del robo de los iones entre ellos, con la consecuente hipertermia local que determina un incremento en el flujo sanguíneo con aumento de la demanda de oxígeno y nutrientes.
En la mayor parte de las patologías tratadas es
indispensable que se apliquen potencias elevadas durante tiempos breves
para que el incremento de temperatura por vía directa y refleja aporte
oxígeno y nutrición a los tejidos que sufren.
Si tiene, por lo tanto, un efecto térmico que varía en
relación a la superficie del electrodo activo utilizado y del tejido
tratado. Además del efecto de la bioestimulación, se asiste a un
incremento local y reflejo de la circulación arterial y a una importante
acción de drenaje venoso y linfático.
Anatomo fisiopatología de la matriz
La vida de cualquier organismo pluricelular superior está ligada a una
tríada fundamental constituida por: célula – matriz—capilares. En el
interior de la tríada, el rol de la matriz es el de filtro de todas las
sustancias que transitan y también de las informaciones que, bajo forma
de ondas electromagnéticas, la atraviesan hasta llegar a los receptores
de la membrana celular. Son estos receptores los que están en grado de
traducir en práctica el código de estas informaciones.
La matriz, ampliamente revalorizada por los estudios de
Pischinger, está constituída por un conjunto de proteoglicanos y
glucosaminoglicanos (PG y GAGs) inmersos en una solución acuosa de ácido
hialurónico y acompañados por glicoproteínas estructurales (colágeno,
elastina) y de glicoproteínas reticulares (fibronectina, laminina y
otras).
En la matriz, consecuentemente, están inmersos elementos
celulares como fibroblastos, mastocitos, células inmunitarias,
terminaciones nerviosas libres y corpusculares, vasos linfáticos y
axones. Desde el punto de vista celular, la matriz delimita con una
membrana basal provista de fisuras ultramicroscópicas a través de las
cuales las informaciones pueden acceder al interior de la célula después
de haber sido captadas por los glicocálices.
El estado de densidad de la matriz (sol o gel) y la
elevadísima variabilidad estructural de los carbohidratos hace de los
polímeros del azúcar soportes informativos de gran eficacia. Y es
justamente por esta extrema variabilidad la que permite a la matriz
mantener su homeostasis del sistema frente a la acción de los agentes
externos o internos de cualquier tipo (memoria a breve términe).
A causa de su función principal, la matriz toma también
su nombre del Sistema de Regulación de Base o de Sección de Tránsito,
pensando en el pasaje a través suyo de todas las informaciones
necesarias para el buen funcionamiento celular.
De vital importancia para comprender las relaciones
existentes entre células y matrices es la existencia, en la superficie
de las mismas, de un estrato glucídico cargado negativamente y anclado a
la porción protéica y lipídica de la membrana. Este estrato es
específico para cada órgano o célula: el glicocálice. Éste, por otra
parte, es el único tipo de receptor que la célula posee a nivel de su
membrana, por lo que todo aquello que pasa a través de la sección de
tránsito, en un sentido u otro, es necesariamente captado por el
glicocálice.
El funcionamiento del sistema de regulación de base está
determinado por toda una serie de citoquinas, además de
neurotransmisores, neuropéptidos y hormonas que determinan el
intercambio de los PG/GAGs en función de las necesidades metabólicas.
La interacción de todas estas sustancias regula la
función de filtro molecular de la sección de tránsito. Según la cantidad
y la calidad de los componentes de la matriz (proteasis, antiproteasis,
pH, concentración de los electrolitos), las moléculas son permitidas a
pasar, ostaculizadas o rechazadas en función de su volumen y de su carga
eléctrica.
Modificaciones de la matriz tras el uso de CIM
La notable deformación de la matriz nos explica la
acción del aparato. A la estimulación mecánica, de cualquier naturaleza
posible, la sustancia fundamental reacciona absorbiendo la energía y
transformándose en un sistema visoelástico. Cuando termina la
estimulación externa, la distorsión mecánica que se la estimulación ha
producido tiende a volver a las condiciones primitivas solo en parte
inmediatamente. La porción residual de la modificación determinada por
el estímulo es eliminada mucho más lentamente, dando lugar a un ciclo.
Este ciclo de histéresis puede ser identificado con un trazado, cuya
área representa la deformabilidad de la propia matriz.
La corriente inducida por CIM causa una notable
variación del ciclo de histéresis de la matriz. Este cambio se produce
por la inercia generada por las vibraciones del retículo molecular. El
aparato provoca ionizaciones y los átomos que se liberan, r esbalando los
unos sobre los otros, se transmiten recíprocamente el movimiento y
determinan una serie de ondas acústicas (fonones).
Una parte de la energía necesaria para el
desplazamiento se transforma en energía vibratoria y, en consecuencia,
en calor. Es exactamente el calor que se engendra endotérmicamente el
que el paciente advierte cuando se utilizan potencias medias y altas.
Además, la transmisión de la corriente a través de CIM, tal y como
sucede con otros tipos de tratamientos que usan radiofrecuencia, se
convirte en uno de los varios lenguajes informativos que circulan a
través de la matriz. El impulso eléctrico natural circula a través de
las vías nerviosas, llegando a la sinapsis donde, a través al
neurotransmisor adecuado, el impulso accede a la fibra muscular.
En realidad, los mismos neurotransmisores son
capaces de producir sustancia fundamental y, consecuentemente, están en
disposición de influenciar el paso de la información.
El aparato es capaz de influenciar el tono basal del
lecho capilar en el que la musculatura lisa por norma general emite
potenciales acciones de modulación de frecuencia. Estas acciones
determinan la relajación de los neurotransmisores por parte de los
axones finales del simpático si se tiene una síntesis cíclica de ATP a
partir de ADP con un ciclo rítmico de acuerdo con la contracción
muscular. Con el mismo ritmo, se obtiene la afluencia de sustancias
nutritivas, primero de la matriz y después del interior de la célula.
El uso del aparato permite repolarizar el tejido lesionado aportando el aporte metabólico necesario mediante el incremento del flujo arterioso y del deflujo venoso y linfático. Y, el factor más interesante, es el hecho que la energía necesaria proviene directamente del tejido interesado.
La diferencia de potencial que se registra entre el
tejido enfermo hipóxico y el tejido sano bien oxigenado es comparable a
aquella que se registra en una batería. De este modo, los vasos
sanguíneos pueden compararse a cables conductores aislados a nivel de
los capilares, que unen a su vez el tejido sano con el tejido enfermo. A
través del transporte trasendotelial de los materiales y de la
condución de electricidad en las conjunciones de las células
endoteliales, existe una conexión con la sustancia fundamental. Se crea,
así, una verdadera y propia “batería biológica”.
El mismo fenómeno se produce también en la leucoestasia,
donde los leucocitos que disponen en la superficie de una carga
eléctrica negativa, se recogen en torno a un tejido con una carga
eléctrica positiva. A través del Regenerador Capacitivo, se pueden
modificar reacciones bioquímicas locales, instituyendo un gradiente
electroquímico inducido exteriormente.
No último en importancia, cabe destacar el efecto
vehiculante que CIM produce. Este efecto es evidenciable sobre todo en
el caso de que se utilicen moléculas químicas de peso molecular inferior
a los 40.000 Dalton sobre base hidrosoluble.
En conclusión, de todo lo expuesto hasta el momento
parece evidente que el tratamiento con CIM, trabajando en el tejido
básico no específico, constituye un método con varias indicaciones
clínicas.
El efecto biológico se traduce en:
- Mejora del flujo arterioso con incremento del aporte de sustancias nutritivas y oxígeno
- Mejora del deflujo venoso linfático con más eficiente expulsión de toxinas y catabolitos
- Mejora del equilibrio de membrana de todas las células presentes en el área tratada (adipocitos, fibroblastos, etc.)
- Aumento del metabolismo por los factores descritos y por el incremento interno de la temperatura (ley de Van’thoff)
- Potenciación y sinergia con principios activos que se deseen vehiculizar en la dermis y en la hipodermis
- Por todas estas razones, CIM representa, a voz de hoy, el instrumento más completo e inocuo para la recuperación de la anarquía tisular.
Conclusiones médicas
Como será evidenciado más adelante en el presente manual de uso del equipo, las únicas problemáticas que pueden surgir en la aplicación de CIM, pueden derivarse exclusivamente de la negligencia de los operadores en el momento de posicionar o manipular las placas o los electrodos.
Por ello, tal y como se explicará ampliamente en el manual de uso y a colación de ello, se suministra a los operadores las modalidades aplicativas –clínica--, para el correcto funcionamiento del aparato. También se evidencia la importancia de seleccionar las potencias adecuadas en las varias patologías.
Los operadores a los que se hace referencia en la descripción anterior pueden contemplar también figuras profesionales diversas del médico, tales como enfermeras u otros especialistas que, sin embargo, deberán someter su trabajo siempre a control médico. Esto se produce, no tanto por la peligrosidad del aparato, sino por una eficacia adecuada de los tratamientos.
En cualquier caso, permanece bien entendido que cualquiera que fuera el operador de este equipo deberá participar en los cursos de formación adecuados para aprender los conocimientos técnicos necesarios para su uso correcto y, sobre todo, para conocer los límites de utilización así como están correctamente identificados en el manual de uso en la voz “CONTRAINDICACIONES”.